Hay rutinas diarias que no se cambian como la hora de comidas y la de dormir. Otras que van en ciclos más largos, como semestres y vacaciones. Pero todo lleva un ritmo. A veces no lo podemos ver, porque los movimientos son más largos y no siempre entendemos ese flujo.
Todo tiene orden, aunque no todo regresa. Nuestras propias vidas tienen un arco que termina en el mismo lugar, siempre. A veces repetimos círculos que nos son nocivos porque no sabemos cómo cerrarlos. Otros nos ayudan a avanzar porque nos dejan movernos en campos que conocemos.
A mí me cuesta mucho salirme de los lugares que ya habito. Como si no hubiera pasado suficientes cambios como para saber que no pasa nada. Aunque pase todo.
Ahora mismo, los niños están de vacaciones y se me cambia la rutina de la casa. Pero hago otra que se ajuste a las nuevas circunstancias. Y así todos contentos. O, al menos, ordenados. Mi mayor logro en estos días es que se bañen. Casi siempre tengo éxito. Y sí se van a dormir a la misma hora.
