Lo que se hereda, se pinta de turquesa

Bueno. Al fin me decidí y pinté el dichoso comedor antiguo de color turquesa. Porque es mío aunque me haya dado miedo que mi papá me llegara a halar los pies en la noche. Quién sabe si no fue por eso que tuve pesadillas.

Nos hacemos una vida propia con cosas que halamos de atrás. Han descubierto que los comportamientos pueden ser transmitidos a través de los genes. Resulta que uno, no sólo no existe molecularmente, termina el fin de sus días siendo más bacterias que uno mismo, si no que hasta los patrones de conducta son de alguien más.

No somos más que lo que decidimos ser con todo eso que no somos. Porque lo único verdaderamente nuestro son nuestros sentimientos y esos nos dicen hacia dónde ir. Hay corrientes psicológicas que explican cómo las emociones son el mejor aparato de medición de nuestro bienestar. Ya con esa base, podemos escoger ir a favor o en contra.

Y allí es en donde nos encontramos. En nuestras decisiones, tomando en cuenta todo ese revoltijo de cosas que nos vienen de otras personas.

Por eso, mi comedor, el que ha pasado por tantas manos, sigue siendo el mismo, pero diferente.

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