Las semillas tardías

Con mi mamá mirábamos mucha tele por las noches, mientras bordábamos. A mí ella me crió con hábitos de dama de compañía del siglo XVII, pero eso es tema de otro día. Entre sus programas favoritos estaba el de Doughy Howser M.D. y le encantaba cómo terminaba siempre con una entrada en su diario personal. Me dijo más de alguna vez que yo hiciera lo mismo. A mis 12 años, eso me parecía bonito en teoría y una hueva en la práctica.

Tengo dos niños a quienes estoy criando como puedo. En estos tiempos tan extraños, es aún más claro que todos los planes que uno tiene se van por el caño en un estornudo y que la habilidad de adaptarse es hasta más importante que cualquier otra. Pero… no dejo de pedirles que lean, escucho música siempre con ellos, les dejo ayudarme en la cocina y los hago que sean medio útiles en casa. Semillas que uno siembra poco a poco aunque nunca mire sus frutos. De eso se trata, para mí, la maternidad. Que todo lo que hagan cuando no estoy enfrente sea un buen reflejo de lo que les pido.

Algunas cosas saldrán hasta cuando yo no esté. Como esto que hago todos los días. A mi mamá le hubiera encantado leerme.

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