Me pasa cuando nado que las primeras diez vueltas me cuestan más que las últimas. Son la misma distancia. Deberían, incluso, ser más cansadas las segundas, porque ya hice unas primero. Pero no. Cuando voy por la once, siento que ya casi termino.
Recorrer un camino siempre se siente más largo de ida. Tal vez es porque vamos viendo cosas nuevas. Lo desconocido tiene la peculiaridad de atraer nuestra atención. Cuando regresamos, el recorrido es más corto, aunque sea la misma distancia.
También pasa que, al llegar a la mitad de cualquier cosa que hacemos, ya da lo mismo seguir o regresar. El tiempo que nos tomaría volver al inicio sería el mismo y ya no vale la pena. Mejor terminamos. A veces eso no es una motivación muy entusiasta, pero es la que hay y sirve. Como ir a la mitad de una carrera en la universidad y cambiarse a otra para empezar de cero.
Claro, siempre hay que tener en cuenta si lo que se logra al final hace que valga la pena hacer el mismo tiempo que le ha tomado a uno llegar hasta allí. Supongo que así es con todo. Uno siempre hace balanza de las cosas para ver si le valen la pena o no. Mejor si pone del otro lado las más permanentes a las más inmediatas.
Como el cansancio después de los primeros 500mts en la piscina. Sí valen la pena los siguientes. A veces. Igual, ya llegué a la mitad.
