Las cosas vistas desde lejos

Tengo amigos de edades variadas. Gente a la que le tengo cariño y respeto y con quienes me gusta rebotar ideas. Los más jóvenes me ayudan con la frescura y las ideas nuevas, los menos jóvenes con la perspectiva de la experiencia. Ambos puntos de vista son válidos y los aprecio porque no son los míos.

Hay muchas formas de ver las cosas. Para pintarlas, es bueno verlas desde varios ángulos. Pero sólo se puede poner uno en el cuadro. Lo bonito de la vida es que podemos observar lo mismo y verlo diferente, dependiendo de dónde nos encontramos en nuestro camino. La tipa que nos caía como patada entre las cejas en el colegio puede ser una conocida agradable veinte años después. La comida que no soportábamos de niños se vuelve el plato recurrente. Los libros que nos dormían por aburridos los apreciamos más.

El proverbio que dice que nadie cruza el mismo río dos veces habla de esa constante transformación. Y no de las cosas, ésas son eternas. Una piedra es una piedra, es una piedra. Aunque no sea la misma. Somos nosotros, que vemos la piedra y cada vez que la volvemos a ver, es diferente. Para nosotros. Porque nosotros somos los diferentes cada vez.

Tener a la mano varios puntos de vista de una misma situación es hacer lo de un pintor al darle la vuelta a una manzana. Y, al final, decidimos qué ángulo vamos a escoger. La siguiente vez, la pintamos de otro lado.

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