Las cosas que olvido

Cada vez que cambio de cinta en el karate, tengo que hacer katas nuevas. Las aprendo, junto con las que hagamos en clase, las presento y las olvido. Muy rápido. Es como si cada kata nueva empujara una anterior por el precipicio del olvido. Es horrible porque no es como si no me acordara de lo que me costó aprenderlas.

Sherlock Homes decía que no le interesaba aprender que la Tierra era redonda, ni ese tipo de información, porque consideraba que su cerebro tenía espacio limitado, el cual debía ser utilizado sólo para lo que le servía. Resulta que no podía estar más equivocado. La mente y la memoria son plásticas, se pueden expander de forma casi infinita y son capaces de almacenar universos. Eso es genial, porque nos libera del viejo pensamiento de ser demasiado viejos para aprender cosas nuevas. La mayor parte de veces, es una simple comodidad en lo que ya sabemos y no queremos cambiar. Los pensamientos e ideas viejos son como las t-shirts llenas de hoyos que no tiramos aunque sean traslúcidas. Siempre podemos recordar cosas nuevas. Sólo es cuestión de querer hacerlo. Y puede que sí cueste un poco más, pero es simplemente porque hay que hacer conexiones nuevas.

Eso, y repetir demasiadas veces las katas viejas que a veces me piden hacer y no me sé porque me estoy aprendiendo las que vienen.

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