Las cosas que importan, vale la pena hacerlas

Aunque sea mal hechas. Como mi libro. Ya mandé a imprimir 30 y estaba mal diagramado. Porque no sabía. Porque no se me ocurrió. Por babosa. Pero ya está publicado y soy feliz y ya vendí de las copias mal editadas. No importa. Es una bellecita de novela (menos mal lo digo yo porque yo la escribí y me gusta lo que hice). La gente que compró esas primeras copias podrá decir que tienen las muy malas ediciones de un muy buen libro. Quién quita y hasta tienen más valor por lo artesanal.

Roy H. Williams dice que todo lo que merece hacerse, se debe hacer aunque se haga mal. Esperar a tenerlo todo perfecto es no hacer nada. Tirarse al agua, aunque sea de panzaso es la única forma de entrar de lleno en algo que nos aterra pero que nos llama. Ese primer choque con el mar frío nos asusta tanto que nos quedamos parados a la orilla de la playa.  Pero allí nunca comenzaron las buenas aventuras.

Hay que arriesgarse. Que salgan mal las cosas y volverlas a hacer hasta que salga bien. Aunque nunca lleguen a la perfección que quisiéramos. Igual haremos más que la mayor parte de espectadores que se quedan cómodos en sus sillas, viendo el mar pasar y sin mojarse. ¿En dónde está el chiste?

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