Las cosas a medias

Las canciones o hablan de la maravilla de estar enamorado o del dolor del corazón roto. Extremos. Como si sólo hubiera sol al mediodía. Noche sin estrellas. Nada más entre los dos.

Confieso que lo entiendo. Soy binaria. Sí o no. Bien o mal. Blanco o negro. Es bonito, porque los picos son fáciles de identificar. Así, o está uno feliz, o tira todo por el caño.

Pero resulta que la vida no se puede llevar en columpio de un extremo al otro. Pasan días, la mayoría de ellos, en los que no pasa nada. ¿Acaso no se nos junta un lunes con otro, sin poder destacar un momento en especial?

Las historias nos enseñan muy bien qué pasa después del amor. Todo termina. Se cierra el círculo. Se desata el nudo. Pero eso no es la realidad.

Hay más vida en planicie que en abismos y montañas. Sobre todo, hay que aprender a vivir en esas etapas intermedias luego de los extremos. Aunque sea más rico tirarlo todo.

También hay belleza en el medio. Los amaneceres de sonrisas verdes en las comisuras del cielo y las puestas de sol como caricias rosadas son la mejor prueba.

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