La Justicia en la Vida

Ser colocha y querer ser de pelo liso. Tener piernas grandes y querer tenerlas flacas. Ser blanca y querer ser morena. Y al revés. La inconformidad con la realidad lo lleva a uno a pensar que la vida es injusta, que uno no tiene lo que se merece y que sólo a los demás les pasan cosas buenas.

Pero una cosa es estar inconforme con realidades que no se pueden cambiar y otra ver las cosas que están mal a nuestro alrededor y hacer algo al respecto. Asumir las consecuencias de nuestros actos y tragarnos lo que sembramos, es parte de un aprendizaje que debería comenzar en casa. Porque si la lección viene más tarde, el trancazo es mucho peor. Por allí se miran personas que lamentan su «suerte», en vez de revisar sus acciones pasadas y encontrar una explicación.

No todo es consecuencia de algo que uno haga: las circunstancias en que nacemos, lo que nos hagan terceros sin provocación, la lotería genética que nos tocó. Pero sí hay un ámbito de influencia en el que podemos actuar.

Y, pues sí. La vida es injusta. Hasta que nosotros nos la cambiamos.

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