Hoy como garnachas y churros y no levanto pesas

Tengo tres meses de estar entrenando pesas muy duro. Me he gozado el circuito, porque es una de esas cosas en las que uno puede medir un progreso facilón al que sólo hay que meterle tiempo. No es una kata qué aprenderse o un libro qué escribir. Simplemente hay que mover una cosa que pesa de la misma forma varias veces y listo. Pero, como con todo, no puedo seguir haciendo lo mismo todo el tiempo, porque el cuerpo se acostumbra. Así que toca descanso.

Coincide eso con la feria de la ciudad y no tardé en ir a comer garnachas, churros y tomar cerveza. Cosa que mi estómago me está recordando vehementemente.

Las rutinas son deliciosas y nos encarrilan en la vida. Quitarnos decisiones poco importantes como qué nos vamos a poner y qué vamos a comer de encima, libera nuestro cerebro para pensar en cosas más trascendentales, como qué serie de Netflix escoger. Pero no se puede vivir en la rutina permanentemente, porque nos volvemos cómodos.

Por eso existen las vacaciones, los cambios, los retos, el tiempo mismo que pasa y nos deja en lugares diferentes cada vez que nos damos cuenta. El músculo necesita descanso y volver a comenzar, preferiblemente con algo nuevo que se nos convierta en rutina hasta que sea viejo y haya que cambiar lo de nuevo. Igual que la ropa. Igual que la comida. Igual que la vida.

Me cae un poco mal saber que, probablemente al final de esta semana, mis jeans ya no me queden flojos otra vez. Pero nadie dice que no puedo volver a ponerme igual. Además, las garnachas estaban deliciosas y la feria termina hasta el fin de semana.

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