Hacer las cosas sin ganas

Tan bonito que es darle una instrucción a los niños y que la sigan tarde y de mal modo dijo ninguna mamá jamás. Creo que hay pocas cosas que me molestan más que las malas caras. O sea, si lo vas a hacer así, mejor no lo hagas. Es mi tic personal.

Hacer las cosas tiene mérito, no importa el ánimo. Si no, no valdrían todas esas desveladas con los bebés, ni las tareas para estudiar, ni la sonrisa ante un dolor, ni tantos actos heróicos de los que está construida nuestra historia como humanos. Nos levantamos sin ganas a enfrentar el mundo aunque no queramos, porque es lo que tenemos qué hacer.

Tengo pocas ganas de nada. Mi cama y mis gatos me llaman cual sirenas y allí quisiera naufragar. Pero escucho voces menudas por la casa y saco un pie tras el otro. Se logra el milagro privado de hacer funcionar un motor sin fuerza.

Supongo que todas las épocas pasan. Da lo mismo. Lo importante es que aún me muevo y tal vez mañana me sea menos difícil. Pero procuro no hacer malas caras.

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