Es imposible hablar de algo superficial en estos momentos. La verdad es, que el sistema está funcionando a la perfección: los delincuentes están a cargo de las llaves.
Esa es la realidad que hemos vivido. A lo que estamos acostumbrados. La bebida amarga con la que acompañamos lo que comemos. Pero no es normal.
Y qué bueno que al fin nos damos cuenta.
