Todos necesitamos de un descanso de nuestras vidas. Una especie de recreo que nos refresque y nos permita seguir adelante. No podemos quedarnos allí para siempre, porque sería igual que comer postre como único alimento. Se puede, pero con pésimas consecuencias, la peor de las cuales es que a uno le llegue a hartar el postre. Tragedia.
No me consta, pero podría asegurar que nuestros antepasados prehistóricos tenían una vida más emocionalmente satisfactoria que la nuestra. Si el único oficio es estrictamente para sobrevivir, el resto del tiempo se puede utilizar en enriquecerse a un mismo, con la socialización, pintar cavernas, contar cuentos, criar hijos… no lo estoy idealizando, para nada. A mí que me den agua corriente y plomería interna, además de antibióticos, antes que cualquier atardecer idílico sin polución. Pero… no puedo dejar de especular que debe haber sido satisfactorio tener más balance en el propósito de nuestras actividades. Sinceramente, no necesito un tercer vestido. Ni un décimo. Pero lo quiero… En fin.
Integrar las distracciones en la vida diaria. Que se vuelvan partes esenciales de la misma. Eso nos ayuda a estar mejor balanceados. Con tal que ésas no se conviertan también en ataduras y tengamos que encontrar distracciones de nuestras distracciones.
