El portal de los sueños

Inception es una de esas películas que siempre quiero ver, pero a la que no le pongo tanta atención siempre. Es visualmente avasalladora y pierde un poco su dimensión en la tele. Sin embargo, más allá de lo meramente artístico y de que la trama al final sea un poco melodramática para mi gusto, he estado pensando en ella un poco las últimas noches. Y es, simplemente, porque he soñado (o he recordado mis sueños), más de lo usual.

Llama la atención que alguien diga que soñó con uno, como si uno hubiera hecho una visita nocturna a la psique de esa persona. ¿Y qué? ¿Dejó uno de ser uno y se metió en la mente del otro para aparecerle allí? En la película dicen que todo el que aparece en los sueños es uno mismo, y, si no estuviera poniendo atención a detalles, tal vez se me hubiera escapado ése en particular. Y, sí, todo lo que soñamos no es más que algo de nuestra mente que nos dice algo acerca de nosotros mismos y poco o nada de otros.

Que no deja de ser importante. Es una herramienta vital para nuestra supervivencia, allí terminamos de negociar complicaciones diarias y botamos lo que no entendimos. Así que, ojalá me permita soñar cosas bonitas, porque tener pesadillas y que simplemente sea yo misma la que las produce, es una pendejada.

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