El pavo está en salmuera

Literal. El pavo de mañana jueves lleva en salmuera desde el lunes. Es un paso adicional a las ya trabajosas horas que el animal lleva en el horno. Sobre todo el de este año. Es primera vez que lo preparo así. Porque nunca repito receta. Y no es por especialista de siempre querer hacerlo diferente. Es que, frecuentemente, no me acuerdo cómo lo hice el año anterior.

Supongo que es parte de la evolución de todo lo que hacemos. Repetimos costumbres, como los buñuelos para acompañar el fiambre, pero este año la miel se hace con cardamomo (sobre todo porque no encontré el anís, pero esos son otros veinte pesos). El chiste es que conservamos una tradición y la vamos adaptando. Añadimos puestos a la mesa. Quitamos algunos. Compramos un pavo más grande hasta que toque regresar a sólo preparar una pechuga.

Tengo en mente desde siempre en uno de esos mis loops a lo Nascar la permanencia constante de las cosas que van cambiando. Como si la vida se moviera siempre en espiral, llevándonos cerca de un punto conocido, cerca, pero no del todo igual, no del todo en el mismo sitio. No me estoy inventando nada nuevo, ya se ha derramado suficiente agua con eso del río y no poder cruzar el mismo dos veces.

Pero no es lo mismo pensarlo que experimentarlo. Tenemos el mismo cuerpo, pero sin fuente de la juventud y, pues, no es igual. Los mismos hijos, y no son iguales.

Y está bien. Porque le podemos agregar cosas a la receta, que nos quede fantástica y cambiarla el otro año. Al final del día, el chiste es comer juntos.

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