El mejor pegamento

Con la niña tenemos un par de costumbres simpáticas. Nos gusta, sobre todo, ver programas de cocina. Ahora estamos fascinadas con uno que se llama “Nailed It!” que enseña cómo personas a las que se les queman hasta los poporopos de microondas, tratan de recrear postres complicadísimos. Yo misma he tratado de hacer pasteles con mayor o menor grado de fracaso y entiendo el tiempo y la destreza involucrados en el asunto. Igual me río. Las dos nos reímos mucho.

Se habla bastante de las cosas que mantienen unidas a los núcleos sociales/afectivos/familiares. Que si el cariño, que si la comunicación, que si el respeto. No digo que todo eso no tenga su valor, claro que sí. Pero se deja del lado que muchas veces, lo que nos une muy fuertemente a otra persona, es nuestra capacidad de reírnos de lo mismo. Esa diversión que cae como un vaso de agua fresca en un día caluroso. Si uno encuentra el lugar en donde ambas personas son felices y se ríen, hay una probabilidad enorme que eso los mantenga unidos más tiempo.

Tal vez por eso, ahora que la niña está un poco difícil y yo tengo menos paciencia, aprecie tanto esos momentos de desternillarnos juntas de la risa. Pobre gente que no puede ni hervir agua. Pero nosotras nos reímos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.