El espacio en medio

Yo no sabía que me gustaba estar ocupada. Hasta que comenté que creía que había estado sobreentrenando y la reacción de toda la gente a mi alrededor fue «¡Tna!» Ahora mismo tengo tres proyectos de remodelación de muebles, lámparas y paredes, tres columnas, karate, ejercicio, ser mamá de grado, pintarme las uñas, una casa, dos niños, tres gatos y un marido que colaboran para mantenerme entretenida. Normal. Para haber crecido con mi mamá diciéndome que yo era una rehuevona, me parece que he logrado superar traumas de la infancia.

El tiempo le abunda a la gente que lo llena. Mientras más actividades tenemos qué organizar, pareciera que más cosas logramos hacer. Sino por qué del dicho de «si quieres lograr algo, encárgaselo a alguien ocupado.» El problema es que la pelota rueda hacia abajo y luego cuesta pararla. A veces no hacer nada, también es hacer algo, sólo que hay que aprender a meterlo como un «pendiente» en la agenda.

Si no aprendo a hacerlo, estoy como ahorita que tengo al enano con la costilla fisurada (nada grave) en casa, me quiere al lado suyo viendo tele y yo siento que tengo hormigas en el pantalón de todas las cosas que quiero/tengo qué hacer. El tiempo también se llena con las cosas importantes que tienen que estar encima de las cosas pequeñas que nos distraen.

Las obras de arte tienen espacios en blanco, la música tiene momentos de silencio, los edificios tienen ventanas. También la vida tiene que tener un momento que quede libre. Ya la próxima les enseñaré cómo me quedaron los sillones.

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