El dolor que no sirve

Escuchando un TedTalk acerca de la depresión, el ponente decía que el opuesto de la depresión no es la felicidad, es la vitalidad. Parte de vivir, creo que la parte esencial, es sentir. Y entre eso es sentir todo lo malo, hasta el dolor.

Las situaciones que nos molestan nos enseñan en dónde tenemos puestos nuestros sentimientos. La gente que queremos es la que nos lastima, los trabajos que nos importan son los que no queremos perder, las situaciones que nos gustan son las que son imposibles de olvidar.

Luego hay dolor físico que no parece ayudar en absoluto. Como la escápula izquierda que tengo trabada desde hace tres semanas y que, no sólo me duele, si no que ya se me duerme la mano. Me halé el músculo de pura tensión y hoy fui a que me punzaran. Casi lloro. Ahora mismo no quiero moverme. No sé qué puedo aprender de eso, más que a no estresarme.

De hecho, también el dolor físico ayuda a ponernos límites. A saber cuándo descansar. A soltar.

Estar vivo es sentir, abrirse, ser vulnerable. De otra forma, no estamos presentes de verdad. Lo bueno es que nada dura para siempre. Hasta el dolor se acaba. Espero.

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