Domingo con pastel

Ya es común que los domingos termine comiendo todo lo que se me antojó en la semana. Que es mucho. Padezco de la enfermedad que mi mamá describía como: «caca miro, caca quiero… y caca no miro y caca también quiero». Todo lo que queremos son las cosas que ya tuvimos en la mente. Pocas cosas las hacemos a impulso sin pensarlo, aún las cosas que parecieran casuales. Ese beso robado ya lo soñamos demasiadas veces, la pelea que saltó por la tarde la discutimos antes ante el espejo y la comida se nos presentó en anuncios, redes sociales y vallas.

La mente es el teatro de nuestra vida, en realidad, todo sucede allí y la realidad sólo es nuestro cerebro dándole forma de simulacro a los impulsos externos que recibe. Si somos finos para describirla, la vida es un juego de realidad virtual que todos compartimos. Eso es liberador.

No dejo de hacer dieta entre semana, pero hoy, mi antojo se materializó en un pastel de chocolate. Y está glorioso.

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