Con terror a equivocarme

Se le arruinó la cámara a mi teléfono. Ya llevo así más de un mes. Probé todos los «remedios rápidos» y nada. Nada. Sólo la de selfies. Hoy me tuve que resignar a borrar todo el contenido y resetear al animal. Detesto hacer eso. Tiene que ver con mi pánico a meter la pata. A verme tonta. A equivocarme.

Qué difícil es no poder ponerle una medida justa a las cosas y hacerlas más grandes de lo que realmente lo son. No poder llamar a decir un «te quiero» por no querer quedar en ridículo. No probar una cosa nueva por no verse uno mal. No arreglar un teléfono por no querer admitir que uno olvida las contraseñas, todas, todas las veces.

La vida tiene remedios para todo. Algunos rápidos, algunos más trabajosos. Pero hay goma para volver a pegar las cosas, aunque no queden idénticas. A todos, al final de cuentas, se nos notan las fisuras. Pero lo remendado hace un milagro especial: pongan una luz debajo de un plato remendado y las grietas la dejan escapar. Es algo hermoso.

Aún no sé si resetear mi teléfono va a hacer que funcione la cámara. Pero sí sé que no pierdo nada con probar. Salvo que pierda toda la información. Ya lleva una hora conectada al iCloud y no ha terminado. No creo que sea tan importante tampoco.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.