Los peligros del amor

No es que te devuelvan el corazón hecho pedazos,

es que se lo queden para siempre.

No es que no puedas vivir sin ellos,

es que no vas a querer hacerlo.

No es que te hagan sufrir,

es que te hacen más feliz.

No es que engañen,

es que te cumplan.

El amor es el arma más peligrosa, no porque mate, sino porque te hace vivir.

Una vez lo pruebas, sabes que no hay otra forma de ser humano.

El amor te atrapa sin amarrarte.

Y, en esa permanencia voluntaria, estás más libre que estando fuera.

Descansar

No puedo pedirlo.

Quiero darme una pausa, pero la vida continúa.

Y es la vida que quiero.

Parar. Lo que no crece, se muere. Mejor no parar.

Pero tampoco vivir en el más allá del presente.

Hasta desconectarse, esa palabra tan usada ahora, implica una renuncia.

Prefiero seguir, fijándome en lo que está a mi alrededor, pero seguir avanzando.

Implica dejar atrás lo que no me ayuda a crecer.

Y está bien. No sólo quiero acumular dígitos a mi edad.

Entonces. No paremos. Sigamos.

Te Recuerdo

Que te amo aunque no lo diga siempre.

Que me gustas aunque no te me tire encima.

Que me caes bien aunque me estés cayendo mal en ese momento.

Que te admiro aunque te señale tus defectos.

Que te respeto aunque te moleste.

Que te deseo aunque me quede dormida.

Te recuerdo que eres mío, que soy tuya y que estamos juntos hasta que el cuerpo nos dé y más allá.

Me Gusta

Ver tele, aunque me quede dormida.

Leer, siempre leer. No hay vida suficiente para tanto libro.

La música. Casi cualquiera. Ahora ando en mi etapa de Rock Alternativo en inglés.

Comer, pero cada vez menos cosas dulces. No sé si eso me alegra o me entristece.

Pasar mi mano por la cabeza de mis hijos. Sentir un par de mejillas suaves aún, ver dos ojos que todavía no conocen lo malo del mundo.

Estar con mis amigos. Hacer reír a mis amigas con historias patéticamente divertidas. Cocinarles.

Ver jugar a mis gatos.

Escribir. Pero a veces eso es más una necesidad que un gusto. Como algo que sólo hace bien cuando está fuera.

El frío para estar tapada. La lluvia para ponerme mis botas rojas. El vino para compartirlo. El chocolate para comérmelo yo solita.

Un beso en la parte de atrás del cuello, mejor si viene con un poquito de aliento cálido que siento en todo el cuerpo.

Una mano apoyada en mi cadera.

Un dedo que hace espirales en mi espalda.

El olor a pan recién horneado, ese que sale de tu cuerpo cuando te acabas de bañar.

Me gusta mi vida, con todo lo que he hecho y me falta por hacer. Con las personas que tengo a mi alrededor.

Me gusto yo. Al fin.

Por…

…más ideas que me hagan temblar las piernas.

…más noches de viernes cantando vejestorios.

…más planes de vida después de los niños.

…más sábados por la mañana que te pida que no me chingues, que estoy bien entre tus brazos.

…más veces de leerte la mente y que todavía te sorprendas.

…más textos para contarte cosas estúpidas que no quiero que se me olviden.

…más orgullo de estar a tu lado.

…más bromas, más miradas, más caricias, más…

…más tiempo juntos para querer seguir estándolo.

Por que cumplas muchos, muchos años más que compensen los que no pasé contigo, desde el principio del universo.

¡Feliz cumpleaños Amor!

Rellenar Imágenes

El primer Photoshop se hace en nuestro cerebro. Como hay tantos estímulos a nuestro alrededor, nuestro cerebro sólo se «fija» en algunos y rellena el resto de la imagen con información que ya recolectó y guardó previamente.

Yo creo que me sé la cara de mi marido, al que conozco desde hace más de veinte años, de memoria. No es como que de repente le cambie el color de ojos. Pero mi cerebro me engaña. O por lo menos me deja sin una parte de la gracia de fijarme.

No es que quiera pasarme contemplando al hombre a los ojos, embobada y sin poder hacer nada más.

Pero, de repente, lo tengo cerca y él está hablando con alguien más y lo miro y me gusta. O estamos comiendo solos (al fin) y veo sus ojos, dulces, y me gusta.

En mi mente llevo el recuerdo de un niño de 18 años y muchas veces esa es la imagen que se sobrepone a la realidad. Pero, cuando me fijo, veo al hombre de (casi) cuarenta. Y me gusta.

 

El Amor Callado

Preparar el vestido (o el disfraz en este caso) desde hace meses. Pensar en la piñata, mandarla a hacer, llegar a recogerla. Buscar moldes de pasteles (porque una simple magdalena ya no las hace). Pegar pelos de colores y listones para los ganchitos de las sorpresas con la pistola de goma que quiere despellejarme. Comprar las bolsitas para las sorpresas. ¡Hijuelamadre las bolsitas de los dulces! Ir por enésima vez al súper a buscarlas. ¡Las velitas! Ya. Hacer los adornitos, comprar goma y algodón para forrar los botes de yogurt y convertirlos en nubes con papeles de arcoiris. El algodón me da alergia. ¡No gato, no te lleves el bote! ¡Ala no, se me olvidó la plasticina para meter en los botes para que no se vuelen! Ya. Bueno, armar los botes. Hacer el pastel, comprar el fondant en una tienda escondida entre el trasero del mundo, hornear dos masas. Joder, dos masas no alcanzan. Hornear otras dos masas. Ya. Armar el pastel: dos tortas grandes, se clavan 9 palitos para sostener, un pedazo de cartón, se encaraman las dos tortas pequeñas, otros 6 palitos, otro cartón, lo forro del buttercream para que esté sellado y llamo a mi amiga que sabe hacer pasteles. ¿Qué?! ¿¿¡¡Ya hay que ponerle el fondant???!! ¡No lo tengo! Teñir el fondant a mil por hora. Ya. Estirarlo. Se pega. Estirarlo otra vez. Se pega. Estirarlo otra vez. Está muy pequeño. Estirarlo otra vez (alagranp$%&). ¡Ya! Subirlo al pastel, queda arrugado, lleno de aire, tratar de alisarlo y decir «me pela, es `artesanal´» y proseguir (después me entero que primero se forran las dos tortas de abajo y luego las dos de arriba y se arman ya forradas con el mardito fondant, en fin). Pintar el resto de colores, hacer la melena y la cola, tratar de hacer orejas que no parezcan de conejo en desgracias, sino de pony. ¡Los ojos! ¡Ala gran madre, no dejé fondant blanco para los ojos, me lleva la mamá de OPM! Tijeras, cartón blanco, Sharpies de colores y ¡voilá!, listos los ojos. Rezar fervientemente que el pastel amanezca bien, a pesar de la lluvia. ¡Milagro de milagros! El pastel amanece bien.

Es el día, se llevan todas las mierd.. digo las cosas al lugar del evento en la mañana. Se recogen niños y se llevan el resto de cosas en la tarde. Todo está listo. Llueve. F&@k. Requetecontra f%&k. No se puede poner el saltarín. Me dan otro espacio que, bendito sea Dios, estaba disponible. Y comienza el purrún.

Tres horas de mi vida que pesan como tres décadas, entre ver que no haya ni un niño desmadrado, ni una cabeza rota de un palazo, nada quebrado de las instalaciones, todos tengan comida, alcancen las sorpresas y, sobre todo, una pequeña bella disfrazada de Rainbow Dash Equestria Girl (busquen la imagen en Sn Google) se la goce.

Porque el amor es callado y no hace alardes y mi nena no sabe todo lo que yo me estreso y tampoco tiene por qué saberlo. Ella sólo tiene que saber que yo la amo, que se la pasó contenta en su fiesta y que llegaron sus amigos.

Misión cumplida.

Ver Doble

Tenerte cerca y pensar en loncheras, buses, bloqueador solar, peinar niña, hacer desayunos, oficina, trabajo. Desperdicio de vida compartida el que se nos llene de lo que hacemos para vivir. Cuando lo que quiero es hacer lo que sólo puedo contigo. Las pláticas interminables arreglando el mundo a nuestra manera. Y tomar el vino especial que sólo abrimos para nosotros. Y mostrar mi lado más ácido para hacerte reír, en concurso de quién ahoga al otro primero. Y recordar tu cara descubriéndola de nuevo. Y confirmar que me gustas. Y que es mucho, demasiado. Y que todo eso sólo es el preámbulo para estar contigo y compartirme. Porque la vida la pudiera pasar contigo, solos, saliendo al mundo a comer y nada más.

Pero decidimos vivir juntos el resto de nuestros días y la vida se nos atraviesa.