Buena luz / mala luz

Soy fanática de Seinfeld. No hay serie cómica más genial en su brutalidad. Uno de los capítulos más divertidos es cuando Jerry sale con una chava que, depende de la iluminación, se mira bien o mal. Mi mamá decía que había gente de «dos carreras»: una para irlos a ver y otra para salir corriendo cuando los miraba uno de cerca.

La luz resulta reveladora para todo. Así como la verdad brutal. Bajo el brillo de un sol al mediodía, las cosas hasta se ven borrosas, porque están demasiado iluminadas. Tenemos que cerrar los ojos. Poco podemos distinguir. Duele. Decir las cosas sin el menor de los filtros, sólo porque es «cierto», también hace que las cosas no queden del todo claras. Porque la verdad sin consideración a todo lo demás, tiene el mismo peligro de un chimpancé blandiendo un bisturí. Es innecesariamente dolorosa.

Un edificio bien iluminado, de noche, se ve lindo. Y no deja de ser el mismo edificio. Es sólo que se esmeraron en presentar las partes positivas, aún y cuando uno bien sabe que no todo es así de bonito. Las cosas que decimos, también deberían llevar ese cuidado. Porque muy pocas veces el daño innecesario, la honestidad sin clemencia, la sinceridad sin consideración, tienen algún efecto positivo. Sólo sirven como armas en las manos de las personas con mucha consideración para sí mismos y lo que «tienen qué decir».

Todos tenemos nuestros momentos de luz buena y mala. Hay qué tenerlo en cuenta cuando nos acerquemos a los demás. Tal vez sólo se trata de cambiarnos de lado para encontrarles un mejor ángulo.

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