La píldora mágica

La magia existe. La ley de la atracción es verdad. Los milagros suceden todo el tiempo. Pero no como nosotros creemos. Lo mejor que tengo en mi vida, todo eso que funciona bien, con simplicidad y elegancia, todo, me ha costado esfuerzo, sudor, tiempo, sacrificio, lágrimas. Nada de lo que sirve, lo hace sin que lleve mi atención. Es sólo que el trabajo no se mira, si no, no serviría.

Me puedo identificar con las personas que buscan atajos para solucionar sus vidas. Yo misma lo he hecho y siempre con resultados insatisfactorios. Y no quiero decir que todo tenga que ser una lucha constante, pero hasta hervir agua necesita fuego. Nuestros mismos cuerpos están diseñados para funcionar mejor con un poco de presión, de privación, de agotamiento.

Así que, claro que existe la fórmula secreta para todo: hacerle. Hasta conseguir lo que uno quiere. Cambiando de método cuando algo no funciona, descansando cuando estamos exhaustos, modificando hasta la forma del resultado. Pero haciéndole.

Pertenencia

Si te pongo nombre,

¿eres mío?

Responderás a mi voz

cuando te llame

aunque no estés

sólo con decir

el nombre que te puse.

Será mía esa parte tuya,

porque sólo yo te llamo así.

El suplemento

Casi nunca he tomado vitaminas. Recuerdo las Chucks, con su sabor ligeramente ácido y la textura un poco a yeso. Me encantaban. A mí y a toda la humanidad de mi edad, no por nada era tan difícil abrir el frasquito. Pero ahora que tal vez sí lo necesitaría, no tomo complementos a lo que como.

Nada en la vida es absoluto. Ni el mayor de los talentos se puede desarrollar sin la ayuda del entrenamiento. Todo necesita una pequeña ayuda para desarrollar su máximo potencial. Como la comida, que ya no nos llena todos los requerimientos de nuestra edad, ninguna relación puede suplir todas nuestras necesidades. Para algo tenemos un círculo variado de personas con quiénes interactuar. Se aburrirían de nosotros si no pudiéramos poner nuestra atención en otra parte.

Tengo que ayudarme con algunas cosas extra ahora. No puedo comer toda la proteína que necesito y ando en prueba con la creatina, aunque esa relación ya casi está en pausa indefinida. Y busco activamente a mi círculo extendido de relaciones para seguirlas cultivando. Ellas sí me complementan la vida.

Delegar

Yo puedo hacer la mayor parte de cosas de mi vida sola. Estoy acostumbrada así. No me molesta. La desventaja es que termino haciéndolo todo, cansada y frustrada de no haber recibido ayuda. Culpa mía por no pedirla antes.

La independencia es una cosa maravillosa. Los seres humanos ya no cazamos en grupo, llegamos a la edad de no depender de nuestros padres eventualmente y nos entretenemos solos con relativo éxito. Pero… nuestro cerebro ha evolucionado por cientos de miles de años para vivir en sociedad y tener interdependencias. ¿Que si necesitar a más personas nos hace susceptibles de ser defraudados? Bienvenidos a la naturaleza humana: somos falibles. Frecuente y estrepitosamente falibles. Incluyéndonos a nosotros mismos. Negarnos la riqueza de experiencia al compartir nuestras vidas sólo porque pueden lastimarnos es como no querer tomar agua por no ir al baño. Nos morimos.

He aprendido a delegar. Y a aceptar con gracia el resultado del esfuerzo del otro. Tal vez no quede como yo lo hubiera hecho. Pero no lo hice yo.

Fuera de control

El radio del círculo de cosas que están bajo mi control es pequeño. Muy pequeño. Incluye mi reacción a mis emociones, lo que digo, lo que como y a qué hora me levanto de la cama. Luego el círculo de influencia es un poco mayor. Puedo empujar las cosas, sugerir y ser escuchada, hacer planes relativamente exitosos. El resto, la vida entera casi, está fuera de mi alcance.

Uba de las claves de la felicidad es saber distinguir qué actividad cabe dónde. Y dedicar la energía correspondiente. Nada desgasta tan feo como desperdiciarse en cosas sobre las que uno tiene nula incidencia. Allí cabe recitar el axioma estoico de “es lo que hay” y ser feliz.

Cuesta un poco aplicar esta filosofía al trato con los hijos, si uno pretende seguirlos manejando como cuando eran bebés. Es uno de los casos en donde el control va dando paso, ojalá, a una influencia respetuosa. Me da ilusión esa relación futura con mis hijos adultos. Aunque ahorita todavía me quede algún tiempo de control.

Estímulos

Anoche tuve pesadillas. Una amalgama de nervios, imágenes de la tele y mucha comida se unieron en mi cerebro para tenerme entretenida.

Los sueños son básicamente nuestra mente recogiendo los pedazos del día y armarlos en la forma que mejor le parece. A veces esas construcciones son bellas. Otras no. Pero siempre sobresalen los detalles que, aunque no nos hayamos dado cuenta, nos llamaron la atención. Es el juego del estímulo y la respuesta. Por eso es bueno fijarse con qué nos alimentamos (en todos los sentidos), porque no siempre sabemos qué se vaya a quedar impregnado.

Me desperté agradeciendo hacerlo. Hoy trataré de sólo ver cosas bonitas y calmarme y comer bien. No quiero otra película privada de terror.

Todos necesitamos que nos dejen ser vulnerables

Me sorprendió que los cohetes asustaran a mi perra anoche. Ella ya vino grande a la casa y nunca la había visto así de nerviosa con nada. Generalmente es la ecuánime de los dos, el de dos años todavía es un cachorro. Pero anoche Alma sí me pidió consuelo.

No importa qué tan grandes, fuertes, experimentados y capaces somos, los humanos somos vulnerables. Y eso es bueno. Nos suaviza, nos acerca a los demás. No hacemos conexiones sentimentales donde somos duros. Nos unimos en lo suave, lo frágil, donde hay peligro de dolor. Cuesta abrirse, cuesta mostrarse vulnerable. Creemos que perdemos una supuesta posición de poder. A veces vale la pena. Ese lugar es solitario.

Abracé a mi perrita, pasaron los ruidos y ella pudo dormir tranquila. Yo también. Agradezco ese momento de dulzura. Y recuerdo que yo también tengo permiso de tener los míos. Sin perder nada.

Propósitos

Una de mis mejores amigas se burla, no sin razón, de las listas de propósitos de Año Nuevo. Yo miro con desconfianza los “challenges” de los gimnasios y los “eneros secos” de mis cuates. Enero es un excelente mes para cobrar cuotas anuales que no vamos a aprovechar y para empezar agendas que no vamos a llenar.

No es que sea derrotista, es que el hecho de tener que esperar un mes, un día de la semana, una fecha en particular para cambiar, quiere decir que uno no quiere hacerlo en verdad. Las mejores decisiones son las que tomamos y ejecutamos, aunque sean malas. Esperar a que la vida nos dé la campanada de salida no tiene sentido: ya nos la dio cuando nacimos.

Así que, en este nuevo año, seguiré haciendo lo mismo que en el viejo: cambiando cuando sea necesario, aún si eso implica empezar la dieta en viernes.

Medidas promedio

Las recetas modernas tienen medidas estándar que no existían antes. Una taza era la taza que uno usaba de forma regular y la cuchara la que estaba en la gaveta. Una cuestión más de sentimiento que de precisión.

Tenemos muchas medidas para nuestras vidas. El problema es que la persona promedio no existe y nadie conforma por completo con lo normal. Por eso no nos sirve a todos lo mismo, sólo más o menos. Por eso lo que hacemos con un hijo no funciona con otro. Y por eso es que no siempre entendemos lo que nos pasa.

Lograr encontrar la medida que necesitamos requiere atención y pruebas. No siempre tenemos el tiempo para hacerlo. Pero hasta la receta con las medidas más precisas necesitan ajustes personales. Ni siquiera el agua es igual en todas partes.