Espero a que vengan los niños del cole para comer, aunque sé perfectamente bien que no van a sentarse conmigo. No siempre. Y no lo hago por mártir, sino por cachar ese momento en que sí quieran. Me ha costado horrores dejar ir muchas preconcepciones en mi maternidad y, de todas formas, se me escapan algunas.
Ser mamá, que es de lo que puedo hablar, requiere salirse de la sombra de la propia madre. No sólo para no repetir lo que no funciona. Más bien para observar con algo de objetividad y misericordia cómo fue. Amo a mi mamá. Quiero hacer todo lo que ella hizo bien. Y mejorar. Sé con certeza que yo estoy cometiendo mil errores. Espero que mis hijos puedan vernos con distancia en su momento.
Ser mamá es cansado. Y precioso. Es un trabajo que requiere de todas mis habilidades y que supere todos mis defectos. Me hace crecer y cuestionarme. Ayuda a percibir el paso del tiempo como algo dulce, no sólo inexorable. Yo seguiré esperándolos a comer.
