Compré una cala, que es una planta, que es un lirio. Negro. Una belleza. Me gustó tanto que regresé por ella después de haberla visto el sábado. Me la compré porque quise, porque no le sirve a nadie más que a mi gusto, porque podía, porque sí. A veces cae tan bien hacer esas cosas y disfrutarlas.
Está muy bien tener compromisos, ser emocionalmente responsable, tener correspondencia con la gente que queremos. Saber que nuestras acciones afectan a los demás y también tomar eso en consideración. Claro que es importante, porque no podríamos vivir en sociedad de otra forma. Y también es necesario uno velar por uno. Ese ir y venir de la vida, como siempre.
No tengo un buen récord con las plantas. Al menos no lo tenía hasta que viven dos orquídeas conmigo en mi cuarto y parece gustarles mucho cómo las cuido. Veremos qué tal le gusta a la cala estar en mi casa. Porque ya vi otra planta que me gustó y que está esperando turno…
