Tengo examen de karate en tres semanas. Es una meta que me pone nerviosa. El cinta negra con más años de entrenar en el dojo tiene examen la otra semana. Esta cosa no se termina nunca, hasta que uno mismo decide terminarla.
Pero hay muchas otras cosas que sólo tienen éxito cuando terminan: el colegio, una carrera, la universidad… Finalizan y toca pasar a lo siguiente. Ordenadito y cerrado, así como no es la vida.
Porque la vida termina sólo cuando terminamos. De allí seguimos siempre cambiando y pasando a más. O deberíamos. Terminamos con las cosas que ya no nos hacen crecer. Terminamos con las relaciones que ya sólo nos hacen daño. Pero nunca terminamos de ser nosotros mismos.
Lo más divertido es que a veces terminamos con algo, para volver a comenzarlo, sólo que diferente. Uno aprende eso muy rápido cuando se es papá y pasan cerrando cada etapa. Y son las mismas personitas, pero van cambiando.
Poder trasnfomarnos, aún con las mismas piezas. Tal vez esa es la lección más importante que nos toca hacer nuestra. Y tal vez cuando ya nos la sabemos bien, es que se termina esta cosa. Mientras tanto, sigo aprendiendo mis katas. Porque nunca terminamos.
