Uno es el centro de su propio universo. No hay otra forma de vivir, porque, aunque posea el cuerpo de otra persona, sigo siendo yo. La experiencia existencial es individual, egoísta, miope. Y sólo podemos tener una idea muy imperfecta de cómo es el mundo para los demás.
Uno cree que conoce a las personas a su alrededor. Eso es una arrogancia de nivel superlativo. Yo puedo conocer cómo es una persona hasta donde ella es conmigo. No sé cómo se comporta cuando no estamos juntos. Y eso no quiere decir que uno sea totalmente desconfiado de todos y se impregne de cinismo. Al contrario. Le permite a uno crear el espacio para seguirse interesando por el otro.
Las relaciones se mueren cuando ya no hay nada qué conocer. Hay que estar abiertos a admitir que siempre se puede uno sorprender por el otro. Que siempre hay algo interesante qué verle. Las personas son dinámicas. Uno también. Es la única forma de hacer uno más grande su propio universo.
