Uno se lleva encima

Me está pasando que, por hacer gracia del acento, se me sale luego de un par de días. Y es que parte de lo lindo de viajar, para mí, es no destacar como extranjera al lugar al que voy.

Tenemos cada vez más oportunidad de mezclarnos, de ver cómo se vive en otras partes del mundo. Pero nada sustituye el estar allí. Sin embargo, eso que somos nos acompaña siempre.

Mi tío queridísimo vivió mucho tiempo en México y perdió un poco su acento guatemalteco, pero tampoco quedó hablando como mexicano del todo. Y es que uno es una mezcla de lo que tiene a su alrededor y lo que lleva adentro.

Eso último, eso que nos hace reconocernos en cualquier espejo, es lo que nos llena, con lo que enamoramos.

Seguro que regreso haciendo broma de que aquí creen que hablan español. Seguro que el viaje me cambió en algo. Y seguro que no puedo más que haberme llevado y traído.

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