Una calle de dos vías

Mi mamá siempre decía que el cariño es una calle de dos vías. Uno da, uno recibe. Pero esa imagen no está completa. Sí, es de dos vías, con espacio para sólo un carro. Hay una danza en cualquier relación, que permite moverse con gracia, avanzando y retrocediendo al ritmo de la música que suena. Si los dos quieren ir en la misma dirección, suceden accidentes.

Cuando uno entiende que hay ritmos para todo, deja de tener tanta ansiedad. Aprende a esperar, a dar con abandono sin depender de la respuesta. A dar espacio. Claro que debe haber correspondencia, pero no será necesariamente inmediata. Y está bien.

A mí me encanta bailar. Pero me cuesta dejarme llevar y eso hace complicado el ritmo. Pero estoy aprendiendo.

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