Tengo pendiente hacer un álbum de fotos para mi hija desde hace dos años. Hay proyectos que me cuesta terminar. No sé si es porque me dan nostalgia, como si no quisiera cerrar la puerta de un lugar que me gustó.
Cerrar círculos de forma definitiva suena un poco dramático, pero es muy sano en la vida. Poder romper relaciones con personas que nos hacen mal. Finalizar trabajos, tesis, libros. Ponerse una meta a dónde ir y atravesarla.
También hay que estar consciente que hay cosas que se trabajan de forma constante: la forma de comer, el ejercicio, conservar las relaciones que nos importan. Tal vez lo más importante es saber distinguir qué continuar y qué terminar. No siempre es fácil. Sobre todo cuando algo que no necesariamente nos hace bien, nos gusta.
Allí es en dónde me sirve poder proyectarme al futuro. Las cosas que sé que me van a ayudar a avanzar, a mejorar, a aprender, ésas son en las que sé que tengo que trabajar constantemente. Todo lo que me saca de ese centro y que no me aporta más que una satisfacción efímera, ilusoria, entiendo que mejor la cierro definitivamente y mientras antes, mejor.
Y luego están los proyectos que no tienen ni meta en el tiempo, ni impacto en el futuro. Como el álbum. Pero igual lo tengo qué terminar.
