Creo que todos tenemos fantasías que implican salirnos de nuestras vidas. Vivir en un país lejano, abrir un bar en una playa, tener una cabaña en la montaña… Todos los escenarios nos encuentran fuera de nuestra rutina, generalmente sin obligaciones y con la suficiente solvencia como para no tener que trabajar para comer. Lamentablemente, la salida «fácil» para cumplir estos deseos se canaliza en encontrar otra pareja, dejar tirada a nuestra familia y terminar con el producto de un esfuerzo laboral que seguro nos ha tomado años lograr.
Y es que nuestros ensueños no son el problema. A cualquiera le carga la vida moderna llena de necesidades falsas. Tampoco creo que antes haya sido mejor, sin antibióticos, sin agua corriente, sin energía eléctrica y sin desodorantes. Lo que sí es cierto es que la mayor parte de lo que nos canta como la famosa sirena implica una simplificación de nuestro entorno. Ese bar en la playa no es un palacio, la cabaña en el bosque no tiene. 500 habitaciones y, si es otra persona la que nos está llamando la atención, es casi seguro que sea porque creemos que allí sí tendríamos una relación menos conflictiva.
Pero el reto no es salir corriendo de donde estamos. Les apuesto a que terminaríamos en un lugar igual, o peor. El chiste es sacar de nuestra realidad todo eso que no es esencial y que nos está aplastando. Menos cosas, menos ínfulas, menos actitudes intolerantes.
A mí también me dan ganas de cambiar mi vida. Y me doy cuenta que es extremadamente sencillo, simplemente me tengo que enfocar en mí misma.
