Hace veinte años se murieron mis papás. No ha sido bonito seguir creciendo sin ellos. Criar hijos sin ellos. Tener necesidad de un hogar sin ellos. La correspondencia física se terminó. Pero no el cariño. Lo que yo siento, el amor, la nostalgia, cómo me hacen falta, todo eso sigue igual. Es más, creo que aumenta.
El amor tiene la particularidad de seguir creciendo. Cuando uno lo deja. Y eso es de las cosas más bonitas que uno puede hacer por uno mismo. Separar las razones que hicieron que uno cambiara el título de una relación, pero conservar el cariño, transformado.
Supongo que el amor es la forma más pura de energía, que no puede ser creada ni destruida, sólo transformada. Yo todo lo hago al extremo. Y, en vez de transformar amor por algo feo, prefiero conservarlo. Porque me hace bien. Porque me hace mejor. Y porque yo puedo decidir ser esa persona que sigue queriendo.
