No tengo ganas de escribir. Siento que ya lo dije todo. Aunque mi vida es cada vez más distinta, ya no tengo nada más que agregar.
Hay momentos en la vida en que todo parece irrelevante. No hay más qué hacer, qué agregar, qué avanzar. Y resulta que llega otro día al día siguiente y así, aunque uno crea que el mundo seguramente debería haberse detenido.
Así que sigo escribiendo aunque no le estoy encontrando la utilidad. Ni las ganas. Pero mañana tal vez sí.
