No nacimos para esto

Tan bonito que es creer que uno tiene un lugar asignado en el tren de la felicidad. Que lleva el nombre y apellido de uno y que es imposible que alguien más lo ocupe. O, peor aún, que no exista. Me ha sucedido que me detengo a ver mi vida y pienso «pero si yo no debería estar pasando por esto».

Asignarnos un papel que no se puede cambiar, porque esas son nuestras expectativas de nuestras vidas, nos dejan con pocas opciones y menos alegrías. Porque las cosas nunca son exactamente como uno las tenía planificadas. Y eso puede ser devastador, sí. Muchas veces uno simplemente encuentra que del mundo que construyó, sólo queda una marca negra por donde pasó la destrucción. Pero otras eso significa ver un horizonte nuevo y adoptar otro camino.

No nacemos para muchas cosas. Pero si a eso vamos, no nacimos para volar y allí vamos, inventando aviones. No tenemos nada asegurado. La vida no nos debe nada. Sólo podemos atraparla para admirar los momentos grandiosos y recibir los que no lo son tanto.

El tren que nos lleva de un extremo de la existencia al otro no tiene asientos asignados y a veces nos toca ir en primera clase y otras… Pero nos movemos. Eso sí es seguro. Mejor aprender a apreciar cualquier paisaje que nos pasa por la ventana.

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