La único forma de hacer predicciones certeras es al revés. Pareciera no tener sentido, pero sirve: cuando nos fijamos en los acontecimientos sobresalientes de nuestras vidas que nos han llevado a donde estamos hoy, los redimensionamos y entendemos mejor.
La humanidad ha estado obsesionada con adivinar el futuro desde que podemos hablar. Como si fuera más importante saber qué viene después que entender lo que sucede ahora mismo. Lo peor del caso, es que el tiempo sólo es una medida de distancia, el camino que recorremos. Allí, lo esencial se convierte en entender la dirección que llevamos ahora, porque eso determina el después.
Hacer planes está bien. Pero es imposible predecir al cien por ciento qué va a suceder. Yo quiero entenderme hoy. Recorrer con sabiduría de pitonisa mi pasado y conectar mi vida. Si le encuentro sentido al camino, le doy sentido al momento que vivo. Lo que venga después será otro punto de vista. Y hoy será otra conexión.
