Los días libres

Domingo llega y yo quiero una cerveza. Quien me lee y no me conoce puede pensar que es porque el sábado salí de parranda y el domingo estoy de goma. Pero no. Es mi cerveza de la semana, la que me doy permiso. Y allí está el núcleo del asunto: me doy permiso. Una vez a la semana me tomo una cerveza, porque me gusta, pero no tomo seguido y porque me recuerda a que eso hacía mi papá.

Tal vez tenemos cosas qué hacer todos los días que no son los libres y caminamos en carreteras estrechas y transitadas que no podemos sortear más que en la dirección que hemos tomado todos los otros días. Allí vamos. Porque la rutina hasta cierto punto lo libera a uno para tomar decisiones más importantes. Pero también nos hace caer en un ir y venir conocido y restringido, cómodo. Salirnos de allí también requiere de un esfuerzo, una pausa en el río que nos lleva hacia el mar al que nos enfilamos.

Tengo días libres los domingos y como shecas, tomo cerveza y a veces me sirvo un helado. También dejo de tener horarios, me levanto tarde y abrazo un poco más fuerte. Mañana lunes vuelvo al cauce de mi rutina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.