Escribo para no pagar terapia (aunque ya la pagué, sí sirve eso). Escribo para sacarme las palabras que me hacen presión en la cabeza. Escribo para vaciar el corazón. Escribo para darme una luz a mí misma de lo que me está pasando. Escribo porque me gusta.
Todos tenemos una forma de expresarnos en la que vamos plasmando los momentos de nuestras vidas. Pero lo hacemos también para dejarlos como una marca, un recordarorio, un cuento. Y así construimos nuestros recuerdos y nuestras vidas mismas. De lo que nos decimos a nosotros mismos. Las cosas rara vez son como las recordamos, pero eso es irrelevante. Lo que queda grabado en nuestra cabeza, eso es lo que nos mueve o nos detiene.
Escribir, pintar, bordar, meditar, salir a bailar. Lo que sea que hagamos para integrarnos con nuestras vidas y poder darle un hilo conductor a las historias que se traducen en la memoria que nos queda. De eso se trata.
Lo mejor sería aprender a almacenar sólo las que nos ayudan a trascender. Lástima que a veces se nos cuelan algunas de terror. También para eso escribo, para exorcisarme. No siempre funciona.
