Los buenos días

Pasamos el domingo comiendo. No puedo pensar en mejores actividades en un día sin mayores preocupaciones. Trato de dejar atrás lo que tengo que hacer mañana (¿o es adelante, para el día siguiente?) y me concentro en el camino que me lleva a recoger el pie de pecanas que encargué. Ha sido lindo el día, con sol, cerveza, carne, papalinas con jalapeño. Tal vez mis días felices tienen comida involucrada. Y abrazos de mis hijos, el pelo de la niña tiene el recuerdo de una bebé pequeña pidiendo comida. La voz del niño no estaba cambiando, sólo estaba ronca y ahora vuelve a sonar dulce. Salvo cuando grita, que es seguido y por eso se la lastima.

Hoy amanecí con los gatos entre las piernas. La cama caliente y el sol afuera, llamándome. Un buen domingo y compré una botella de vino que no necesitaba pero quería. Y eso hace que la necesitara. Escucho a todos hablar al mismo tiempo y me encanta que seamos cuatro, una columna en cada esquina, aunque los pequeños nos dejen pronto (no importa en cuánto tiempo, siempre será pronto para que se vayan). Vemos un partido del deporte que a mí me gusta y que el niño juega y que la niña no entiende salvo que le gustan los traseros apretados de los jugadores y no puedo negarle la apreciación, es cierto.

Los domingos puedo pensar que he meditado todo el día, pensando en la gente que quiero y queriendo a mi gente todo el día.

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