Las palabras que nos definen

Cada vez hablo menos por teléfono. Las voces a través de los aparatos me suenan raras y me da pena molestar a la gente. Me fascina la poca invasividad de un mensaje de texto enviado por cualquiera de los muchos medios sociales que uno tiene a su alcance. Mi círculo de interacción diario es reducido y lo he ido puliendo de tal manera que, la gente que verdaderamente me rodea, es una influencia positiva en mi vida.

Tal vez por eso me choca cuando salen palabras poco agradables de mi boca, hacia mí o hacia gente cercana. Generalmente soy mucho más dura conmigo misma de lo que soy con cualquiera. Como todo, es bueno y es malo. En extremo para ambos lados. Soy capaz de levantarme de la cama a hacer lo que tengo qué hacer, porque lo tengo qué hacer. Eso es bueno. Lo malo es que lo hago aún cuando estoy ardiendo en fiebre.

La voz con que nos hablamos es una mezcla de lo que escuchábamos de niños, lo que nos decíamos de adolescentes y lo que nos susurramos de adultos. Nunca es objetiva. Imposible. Nos sale desde adentro. Lo que sí deberíamos de procurar es que siempre fuera cariñosa, por muy sincera que la tengamos calibrada.

Nuestro mundo está lleno de palabras, lo que no logramos definirnos no tiene una sustancia completa, la existencia misma depende de poder ser nombrada. Así mismo nosotros. Cada palabra con las que nos describimos nos define.

Espero poder definirme de una forma que quiera llegar a ser, aun cuando no haya llegado allí todavía.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.