La vida como la planeamos

La niña de seis años dice que quiere ser pediatra y veterinaria. La niña que fui yo a esa edad y la niña que es mía ahora. Es increíble que me diga eso, porque yo jamás se lo conté. Como si le hubiera pasado ese deseo a pura genética. No recuerdo haber tenido más planes que esos para mi vida futura. Nunca soñé con hijos, ni boda, ni nada parecido.

Soy abogada, ni cerca de la carrera médica que quería. Tengo dos hijos. Once años de matrimonio. Ninguna de estas cosas estaba entre mis planes. Parece que eso de tener metas marcadas desde muy temprana edad y cumplirlas cuando tocan transcurrido el tiempo adecuado, sólo se le da a cierto tipo de personas.

Tal vez estoy un poco derrotista. Tengo un par de años que el rumbo de mi vida está un poco alejado de como me lo imaginé hace quince años. Aún en mis veintes, escribí con la seguridad que da la ignorancia cómo me miraba, no en diez, en treinta, cuarenta años.

No se puede vivir a la deriva, volteándose con cualquier viento que sopla. Tampoco se puede uno ahogar por seguir una ruta trazada con antelación. La vida es una mezcla de improvisación y planificación y creo que uno aprende a saber cuál usar sólo cuando se choca repetidas veces contra las rocas por haber utilizado la incorrecta.

No soy mucho de lo que quería ser cuando tenía la edad de mi hija. Pero soy mucho que ni me imaginé poder ser.

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