La sabiduría como sea

Hace poco leí un cuento acerca de una raza de hombres a quienes les fueron concedidos todo el conocimiento y toda la sabiduría del universo, a cambio de un sacrificio. Ellos eligieron no poder comunicarse más que cantando. Cuando llegó el momento de compartir estas maravillas con el resto del mundo, se reunieron miles y millones de personas. Los sabios abrieron la boca y comenzaron a cantar. A los dos minutos no quedaba nadie cerca. Tenían voces tan horrendas, que no había persona que quisiera escucharlos.

La verdad y el conocimiento a veces vienen en paquetes que no nos son atractivos. Muchas de las lecciones de la vida, esas que son las más importantes, son también las más dolorosas. Adquirimos sabiduría pagándola con sacrificios incalculables, porque todo lo que aprendemos realmente lo pagamos con tiempo y ese no se recupera.

Luchamos contra nuestra propia desidia para hacer algún deporte. Dejamos los ojos en los libros que nos instruyen. Nos rompen el corazón en el juego de las relaciones.

Pero vale la pena. Saber más. Conocer mejor. Ser excelente. Vale la pena.

Al final de la historia, una persona quedaba frente a los sabios. Una niña pequeña. Sorda. Leyéndole los labios, aprendió todo lo que tenían qué decirle. Ella también había hecho un sacrificio.

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