Extremos infalibles

Me dijeron hace poco que yo no me conformaba con las cosas a medias. Y puede ser. A mí algo me fascina o lo detesto. Alguien me cae súper bien y soy capaz de cocinarle su comida favorita, o pasarle al lado por la calle y no saludarlo. Platico como perica sin parar o no pronuncio palabra durante horas.

Me gustan los extremos. Como estar parada al borde de un precipicio con alas y no saber si me voy a estrellar o voy a volar. Me gusta la gente que se deja arrastrar por mi entusiasmo. Agoto fácil, eso sí y he tenido que aprender a rotarme entre gente linda, porque las termino exprimiendo.

A mí misma me lastima a veces rebotar entre paredes opuestas y trato de atemperar mis sentimientos. Me dura lo que tarda en entusiasmarme algo (nuevo o viejo). Por lo menos si me vuelco en algo o en alguien, es tan fuerte la experiencia para mí, que no lo dejo fácil.

Los extremos, las emociones en pico, las pasiones. Tal vez es porque el resto del tiempo soy fría, insensible, dura. Empezar a sentir es lo difícil, pero irme hasta el tope es pura cuestión de dejarme.

Tal vez crecer es aprender a que sí se puede vivir en el medio.

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