Entre recetas de mazapán

Estoy toda quemada de estar cocinando el mazapán que me di a la tarea de hacer. Ni idea de por qué, si ni me gusta. Pero me recuerdo el deleite de toda la gente cuando mi mamá decía que iba a hacer y siento que ha de ser una gran cosa. Y allí estoy, bate que bate y quémame que me quemo.

Las recetas del cuaderno de mi mamá escritas en su letra fina y clara son como un lenguaje secreto que me acerca a ella. Ver los títulos «Magdalena», «Pollo con almendras», «Better than sex chocolate cake» me quitan años de encima, me llenan la boca de sabores y me dan la sensación de sus manos suaves sobre las mías.

Mis hijos me llenan el corazón cuando me dicen que mi comida es la mejor. Y, aunque yo no tengo la habilidad de mi madre en la cocina, me esmero por poner un poco de mi corazón en cada cosa que les hago.

Tal vez por eso insisto en repetir recetas de mi mamá, aunque no sean mi comida favorita. Es como volver a sentir su cariño. Aunque las ampollas que dejan las burbujas del mazapán no contribuyen a la ilusión.

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