Acabo de visitar una maravilla moderna. Vuelta entretenimiento un poco forzado, mejor dicho, aprovechando el interés que tenemos los humanos en ver cosas que necesitan explicación.
Logramos hacer tal cantidad de obras geniales, como raza, pero no como individuos porque no todos tienen capacidad ni siquiera de imaginarse ciertos portentos. Y allí va la humanidad, siguiendo guías con visiones, aunque no siempre sean las mejores. Luego, cuando son exitosas, hacemos filas para verlas.
A mí me interesa eso: el interés en sí. Lo que pueda parecer digno de visitarse. Lo que nos atrae. En esencia, ver pasar un barco no tiene nada objetivamente fascinante. Es el hecho que se hizo de una forma maravillosa lo que es magnético. La imaginación hecha ingeniería, o arte, o filosofía, o comida, es lo que nos hace verdaderamente trascendentales. Y lo que nos permite seguir.
