Estábamos hablando con mi marido y le comenté que, en algún momento en un futuro que espero que no sea muy cercano, quisiera quitarme un poco del busto. Mis comadres me han acompañado fielmente desde los doce años, pero, confesando intimidades, siempre me han parecido un poco grandes. Estoy segura que me vería muchísimo más delgada con una copa menos. No les voy a contar la reacción del pobre hombre.
Las mujeres (por lo menos la mayoría), tenemos busto y un aparato reproductor que nos identifica como tales. No quiero meterme en las honduras de las «clasificaciones modernas», porque no es ése el espíritu de esto. Digamos que ciertos rasgos físicos como un porcentaje más alto de grasa, la falta de una manzana de adán, facciones más suaves y voces más dulces, indican que uno es mujer. Lo que no indican es cómo es uno de mujer.
Me ha pasado muchísimas veces que mi carácter fuerte es considerado de forma negativa, sobre todo si me toca dar instrucciones a hombres. Es como si las partes suaves de mi cuerpo debieran hacer que yo no fuera dura. Y lo soy. Cuando quiero ser más tierna, no es porque quiera parecer más femenina, sino porque quiero ser mejor persona con la gente a la que quiero. Entiendo que hay muchas cosas que me llevan a comportarme diferente que un hombre, pero son las mismas que me llevan a ser diferente a cualquier otra persona.
Hablar de «determinación» en el sentido de un destino del cual no nos podemos escapar, sobre todo por el cuerpo que nos acompaña, es quedarnos a la mitad de nuestro potencial. Hay convencionalismos sociales de los cuales no nos podemos escapar si queremos ser parte del mundo en el que nos encontramos, es cierto. Si no está de moda que los hombres usen vestido, pobre aquél valiente que sea el primer valiente en hacerlo. Pero pretender a estas alturas que una niña tiene que tener menos matemáticas en el colegio porque tiene menos habilidades para eso que un niño, me hace querer partirle la cara a alguien.
Cada uno se forja y se forma a la imagen que más le gusta, sea de forma consciente o no. Cuesta trabajo, como una escultura. Pero, si se tiene paciencia y se soporta el dolor, queda una obra de arte. Y, si alguna vez convenzo al hombre, me quitaré lo que me sobra.
