Me paso buena parte de mi día pensando en lo que voy a escribir, lo que estoy escribiendo, lo que quiero editar, lo que se me ocurre tuitear… Las ideas no siempre son lo suficientemente largas como para desarrollarlas en un artículo. A veces no dan ni para un tuit. Pero allí están y hay que atraparlas en el momento en que aparecen.
Se supone que Dalí pedía que lo despertaran cuando tuviera movimiento rápido de ojos (R.E.M.), para poder acordarse de sus sueños y pintarlos. Si es cierto, explica muchas de sus marcianadas geniales. Hay muchos artistas que se dejan llevar por algún tipo de estado alterado para crear. Los atletas de alto rendimiento hablan de estar en la «zona».
Creo que la inspiración sólo se aprovecha cuando tenemos costumbre de hacerle un espacio. Yo escribo siempre. Todos los días. No siempre es bueno. No todos los días. Pero siempre estoy preparada para que alguna buena idea caiga en la red de mi cotidianidad y la pueda plasmar. Algo así como aprenderse las tablas de multiplicar para poder hacer ecuaciones de tercer grado.
Los mejores resultados no siempre los obtienen las personas más talentosas, sino las más constantes. Cosa difícil de aprender, porque uno sólo mira el resultado final de años de entrenamiento. Como ver la punta de un iceberg. Por eso trato de escribir. Alguna vez mi persistencia estará a la altura de un pensamiento genial. Y yo estaré preparada.
