Cuando se vuelve normal

Hablar de normalidad es peligroso. Se podrá hablar de comportamiento promedio con más propiedad, pero lo «normal» tiene demasiado qué ver con cada individuo. Porque a la gente la parece marciano que yo me despierte a las 4 de la mañana a hacer ejercicio y me acueste a las 8 de la noche, pero eso es lo que yo hago. Normal, en serio, no es un calificativo que sirva de mucho.

Pero no hay que descartar que hay comportamientos que se salen de la norma (son anormales por definición) y nos chocan. Hasta que se reiteran tantas veces que sustituyen lo anterior, para bien o para mal. Así vemos cómo hemos abolido instituciones milenarias como la esclavitud (al menos de forma legal). Lo. malo es cuando se fijan posiciones que no nos hacen mejores y ya las vemos como algo que debería suceder así.

Yo creo que hay ventajas de seguir las normas sociales y también en romperlas. Ambas posturas tienen consecuencias y hay que aceptarlas, porque no hay nada peor que tratar de hacer lo que a uno se le da la gana y no estar dispuesto a asumir el precio.

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