Detesto ir al médico. Peor si es para chequeos. Los exámenes de laboratorio me incordian. Y voy todos los años. Porque lo mejor que tiene nuestra medicina moderna es la detección.
Sería tan conveniente hacer lo mismo con el resto de la vida. Un pinchazo y uno ya sabe qué hablar en la terapia. O cómo tratar a los hijos. O qué camino escoger. Pero no. Toca tomar decisiones con poca información y hacerle ganas a las consecuencias.
Ya llegó el mes de hacerme exámenes y no lo voy a postergar. Me caen mal por incómodos. Supongo que la alternativa es peor.
