Estoy cansada. Ayer me pegué un mega pijaso con un gabinete de la lavandería (no es la primera vez). Hoy no encontraba mi carro en el parqueo del infierno y di un grito de desesperación. Regañé a la niña. Tuve que corregir al perro. Regresé a hacer loncheras. Tengo que planchar. Estoy cansada.
He leído que nuestros antepasados prehistóricos tenían una vida más plena y satisfactoria que la nuestra. El cerebro fue evolucionando al paso de sus necesidades y, obvio, fue prefiriendo los pasajes neuronales que premiaban el comportamiento que permitía sobrevivir bajo el esquema en el que vivían. Una cuestión del huevo y la gallina. Pero llega la agricultura y cometemos lo que un antropólogo considera el peor error en la historia de la humanidad. Y es que, creo yo, es el momento en el que la evolución biológica se separa de la evolución cultural y, pues sí. La regamos.
Es lindo entender que lo que yo necesito es pasar la mañana buscando y recolectando plantas para comer, luego en la tarde, en comunidad, ver el desarrollo de los niños, compartir con el compañero, cuidar de los ancianos. Hasta pintar cavernas y contar historias. Pero no. Y, aunque no cambio los antibióticos por ningún pasado idílico, igual. Estoy cansada. Y me duele el pijaso.
