Me cuesta recordar las fechas de cumpleaños. Hasta los años de nacimiento de mis hijos se me desdibujan. Recuerdo el evento, de forma vívida, pero no le fijo un número de día y a veces eso arruina las celebraciones.
Ya aprendí a preguntar «¿cuándo es tu cumpleaños?», aunque sea por enésima vez, porque me encanta hacer especial los momentos. La primera vez que tomé café con alguien, los cierres de ciclo, las risas. Todo eso vale la pena recordar y es bueno apuntar las fechas para hacerlo.
Tenemos una oportunidad nueva cada año para celebrar lo bueno que nos ha sucedido y dar gracias que nos alejamos de lo malo. Es una manera conveniente de estar presente en lo que nos llevó hasta donde estamos y darnos una idea amplia de lo que nos ha hecho lo que somos. Así que, sí, me encanta celebrar las fechas importantes, aunque me olvide de ellas y las tenga qué preguntar.
